Escribo para contar que una vez me sentí así, cuando mi voz enmudeció y mi mirada se clavó en el vacío de cada rincón. Sólo el cuerpo respondía con su movilidad, entonces me dispuse a caminar sin rumbo, quizá llegara a alguna parte desconocida o simplemente a lugares ya conocidos donde muchas veces encontraba la calma que necesitaba. Seguí mis pasos, confiaba ciegamente en ellos. En un momento me detuve, alcé mi mirada hacia aquel edificio que estaba frente a mis ojos y una leve sonrisa se asomó en mi rostro. Sin dudarlo entré, subí unas escaleras y me acerqué al mostrador a pedir la llave de un aula. Fue en ese momento, frente a aquella puerta, cuando sentí esa brisa de paz. Entré y cerré delicadamente la puerta, como si la modestia fuera un ingrediente necesario para completar la armonía de ese espacio, y me encontré de nuevo en soledad, sólo que esta vez al vacío lo había interrumpido la presencia de un bello piano de cola. Entonces me di cuenta que no estaba sola, que tenía a alguien con quien charlar.

Capítulo 2
Me acerqué a él sientiendo que compartíamos algo en común. Mis ojos a primera vista sólo percibiron la presencia de un instrumento como cualquiera: simple, mudo, solitario. Pero intenté no dejarme llevar por esos ojos que, en ese momento, encontraban todo tan insignificante... Me acerqué un poco más al piano y sentí como si él hubiera estado esperando mi llegada. Suavemente acaricié sus teclas y lentamente, con ese cuidado que debe tenerse con las cosas frágiles, lo fui despertando. Su sonido era más bien un susurro. Quise escucharlo un poco más, por ello me invitó a sentarme frente a él para que compartamos una charla que hace tiempo deseábamos. Tuve un momento agradable, quizá no tanto por el hecho de contarle cómo me sentía últimamente. Le conté mi historia, le hablé de mis sueños, deseos, esperanzas e ilusiones. Le conté cuán desepcionada estaba, compartí mis lágrimas junto a su melodía y encontré junto a él ese consuelo perdido. Él comprendió cada palabra, cada sentimiento. Estábamos sólo yo y aquel piano... aquel piano, respondiendo lo que yo nunca sabría decir con palabras.

Capítulo 3
Dejé de tocar por un momento hasta que cerré cuidadosamente la cubertura del piano, y toqué de nuevo, lento, arpegio por arpegio, acorde cada tanto y así fue dándose una melodía, aquella que quería lograr. De a poco me arrimé hasta dar mi oído con el borde de la cobertura ya cerrada, y pude oír aquellos sonidos atrapados ahí adentro. Sentí la vibración de aquellas cuerdas y cómo el sonido se animaba a compartir conmigo su melodía. Era algo tan precioso que no podría describirlo. Esos sonidos me envolvían y me hacían sentir verdaderamente consolada, escuchada y acompañada. Y una lágrima fue signo de devoción, fue la forma de agradecer por esa gran compañía. No quería irme, deseaba pasar más tiempo allí, sentía ese simple espacio mi gran refugio, una forma de escapar del mundo que estaba afuera. Me encontré reflejada en aquél piano, a través de él pude ver por mí misma aquella realidad que me negaba a reconocer y convencerme de que aún quedaba mucho por hacer en ella...

Capítulo 4
Agotadas las palabras y encontrada esa calma tan buscada, me despedí de aquél piano prometiéndole volver. Amagué al cerrar la puerta, como dudando si irme o no. Abajo entregué la llave y salí del edificio. Ya estando afuera el ruido del tránsito interrumpió mi serenidad y volví a conectarme con el mundo. Volví a casa pero esta vez mi mirada se concentraba en todo lo que había a mi al rededor, como si viera todo por primera vez. Mi ánimo ya no alterado, sí había encontrado la respuesta a su agonía en ese edificio, en aquella aula, en aquél espacio donde l a soledad había unido a dos en busca de compañia. Entendí que la Música ya no era la mismo que ayer, para mí, y pude sonreír por ello. Pero lo más importante es que pude comprender el verdadero significado de ese encuentro, que más allá del piano era un encuentro a solas conmigo misma.
He encontrado lo que me hacía falta en la música. A partir de ese día aquella relación cambió, porque el alma habló y yo pude escribir sus secretos. Descubrí melodías para todo momento de la vida, que me han acompañado, que me ha mostrado la realidad y ayudado a comprenderla. Entendiendo a la música, ella nos entenderá a nosotros. Llegué hasta la puerta de casa reviviendo en mi mente aquel momento en que el alma emprendió la hermosa tarea de transformar palabras en melodías, para luego ser contadas.







